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Desmitificando mitos: Nueva visión sobre la macrobiótica

Desmitificando mitos: nueva visión sobre la macrobiótica

Por Laura Pérez Iglesias

Mucho hemos escuchado a hablar sobre los beneficios de la macrobiótica y, por qué negarlo, sobre sus inconvenientes. “Dieta” famosa tanto por sus seguidores como por sus detractores, lo cierto es que a veces nos quedamos un poco perdidos entre complicados conceptos, listas de alimentos prohibidos y proporciones estrictas de alimentos. Y, ante tal avasallo de cuestiones, a menudo decidimos pasar del tema y optar por una alimentación más sencilla y similar a nuestra cultura gastronómica.

Pero hoy quiero contarte algo. Quiero desmitificar un poco la idea de macrobiótica cerrada, austera y complicada que durante años se ha ido extendiendo alrededor del tema. Quiero darle la vuelta a la tortilla para mostrarte, a diferencia de lo que puedes pensar a priori, cómo la macrobiótica puede ser muy fácil y adaptable a nuestras inquietudes, a la vez que se encuentra en la base de nuestra manera de cocinar. Te cuento.

  • Gran Vida

Primero de todo, Macrobiótica significa “gran vida”. Me encanta pensar que es así porque te devuelve a la vida… (nunca subestimemos los superpoderes de una sopa de miso calentita 😊). Pero, buscando una explicación más seria, el porqué de su nombre es muy sencillo: la macrobiótica se basa en el fomento de ingredientes naturales y no industrializados, tales como cereales integrales, legumbres, verduras, frutos secos y semillas, frutas de la estación y algas marinas. Alimentos, todos ellos, “vivos”.

Me gusta especialmente la metáfora que se utiliza para describir los beneficios de los cereales integrales versus los cereales refinados o harinas: un grano integral, una vez en remojo, germina. O sea, genera vida. Mientras que la harina o el cereal refinado, con el mismo proceso, se convierte en una pasta. Lo mismo ocurre en nuestro interior. Es bien sabido que “somos lo que comemos”, por lo tanto, una alimentación centrada en alimentos vivos va a aportarnos salud, bienestar y energía a todos los niveles.

  • Conocimiento vs dieta

Segundo, la Macrobiótica no es una dieta. Es mucho más. Se basa en el estudio ancestral sobre la alimentación y sus efectos en nuestro cuerpo y, por lo tanto, podría definirse más bien como un conocimiento que como una dieta como tal. Aunque tenga mucho de filosofía, sus explicaciones tienen una base muy orgánica y lógica y, en consecuencia, son muy simples de comprender: cada alimento nos proporciona un efecto determinado en nuestro cuerpo y es nuestro trabajo buscar el equilibrio a través de lo que ingerimos, adaptándonos a nuestras necesidades específicas.

Alimentación según las estaciones, propuestas para nutrir o tonificar un determinado órgano, recetas para potenciar y calmar cada una de las posibles patologías… son algunos de los temas con los que trabajamos y seguro que no te suenan demasiado extraños.

Sin embargo, debemos distinguir dos tipos de Macrobiótica: aquella más medicinal que se sigue cuando tenemos algún tipo de patología, y aquella por la que apostamos cuando disfrutamos de salud plena. En el primer caso, nos centramos en potenciar algunas elaboraciones más medicinales, estilos de cocción ligeros y alimentos más suaves y centrados. En el segundo caso, que es del que hoy quiero hablarte, la Macrobiótica se convierte en un campo de infinitas posibilidades en el que la curiosidad y la consciencia rigen dicha aventura.

  • Libertad

La Macrobiótica no se sigue por causas ideológicas, religiosas o intelectuales. No queremos quedarnos obsesionados con conceptos complicados ni con sentimentalismos. Se sigue por salud. Y, punto. Observas lo que te sienta bien, lo que te sienta mal. Y decides. No existen alimentos prohibidos ni alimentos obligados. Existen unos conocimientos que te explican qué efecto energético se crea con cada alimento y, a partir de ahí, uno decide desde la completa libertad. Sin juicio.

Comprender la Macrobiótica desde el juicio hacia lo uno debe o no debe comer nos limita y corta las alas. Nos impide descubrir con nuestra propia experiencia el efecto que tienen los alimentos en nuestro organismo, nos hace regir por normas preestablecidas sin validación previa. Mi propuesta, sin duda, se basa en la experimentación. El conocimiento, con consciencia, con libertad, nos da alas. Y aquí es donde encontramos el quid de la cuestión:

el conocimiento sin experiencia se convierte en dogma, mientras que el conocimiento con experiencia se convierte en libertad.

  • Descubre tu propia proporción

Del mismo modo que no puedo decirte qué es lo que tienes que comer o lo que no, tampoco puedo definir una proporción aurea en tu plato. Me refiero a la proporción de cereales, legumbres, verduras cocidas, verduras crudas, algas, fermentados, etc. que “debe incluir” tu plato. Si bien este concepto ha sido muy útil durante los años en los que los conocimientos sobre dietética estaban muy poco extendidos, creo que a día de hoy ya estamos suficiente preparados como para descubrir por nosotros mismos qué es lo que nos pide el cuerpo y discernir entre nuestros antojos emocionales y nuestras necesidades reales. Decidir, en consecuencia, cual es nuestra proporción adecuada y saber reconocer nuestras necesidades energéticas, haciendo los ajustes convenientes.

No necesita lo mismo una mujer embarazada que un oficinista, un estudiante que un triatleta. No necesitamos lo mismo un día de fiesta que el día del examen, un día de calor que uno de frío… No necesita lo mismo una persona con debilidad física que una persona que se ha pasado su vida comiendo carne con patatas… Las variantes son tantas y tan variadas que sólo puedo decirte que te escuches y, a partir de aquí, decidas en función de lo que te pide el cuerpo.

  • Lo senzillo y lo local

Lo que nos interesa, al fin y al cabo, es fomentar nuestra salud, y cada uno de nosotros tenemos en nuestro interior la llave que abre esa puerta mágica. Solo tenemos que escucharnos, permitirnos ser lo que ya somos en esencia y potenciar todo aquello que deseamos.

Si nos dejamos, pues, de tantos tecnicismos y de cerrar puertas, nos daremos cuenta de que la Macrobiótica se basa en una alimentación sencilla que todos tenemos a nuestro alcance. Alimentos locales, estacionales, naturales, productos lo menos procesados posibles… son la base de una alimentación saludable y podemos cocinarlos con consciencia, mimo y respeto, para potenciar sus cualidades.

Cremas de verduras, sopas, patés vegetales, estofados de legumbres, verduras al horno, arroces y cereales integrales… son algunas de las elaboraciones que podemos realizar con producto local y estacional y que, probablemente, ya haces en tu día a día y te resultan bien fáciles, ¿verdad?

  • Lo nuestro y lo nuevo

A lo largo de los años, me he dado cuenta de que la Macrobiótica, al fin y al cabo, nos abre puertas, no las cierra. La Macrobiótica incluye todo aquel conocimiento tradicional que nos han transmitido de generación en generación, todo el conocimiento que, en esencia, ya disponemos en nuestro interior. Y es que, aunque a veces nos ayudemos de algunos productos y conocimientos provenientes de Oriente, también aquí, como en todas partes, disponemos de una sabiduría popular que nos dice cómo combinar los alimentos, qué ingredientes priorizar… en definitiva, como alimentarnos en función de nuestras necesidades.

Por este motivo me gusta tanto viajar, porque descubro, en cada lugar, aquella cultura y sabiduría propia que constituye el pueblo y las tradiciones culinarias que lo definen. Una riqueza que a menudo, a causa de la globalización e industrialización cada vez mayor de la producción alimentaria, nos estamos perdiendo a marchas forzadas. Me gusta recuperar el gusto por nuestros orígenes y, por supuesto, reivindicar la importancia que se merecen.

Y, precisamente es cuando uno viaja a otros lugares, o se empapa de influencias extranjeras, cuando uno descubre la magia de ingredientes y productos que hasta el momento desconocía. Este “nuevo” que, a la vez, es “suyo” –o “nuestro”, si comprendemos que todos somos uno– nos estimula y enriquece también. No podría comprender la Macrobiótica sin esta apertura hacia lo nuevo, de la misma manera que se abre hacia lo “tradicional”, pues son dos conceptos que, en realidad, no tienen porqué estar reñidos, al contrario: caminan mucho mejor de la mano.

Con la sabiduría de un anciano, con la curiosidad de un niño, la Macrobiótica se abre paso a paso hacia un nuevo mundo en el que se reinventan día a día los conceptos a la vez que se mantiene la esencia que la caracteriza. Un viaje aún por descubrir que se dibuja día a día a través de lo que comemos, lo que somos, lo que nos hace únicos.

¿Te animas?

Autor: David Aguilar

Soy un apasionado del Rock y la alimentación saludable, después de 20 años en una fábrica me enfrente a mis miedos. Tras formarme y sumergirme en la naturopatía, la nutrición y la cocina vegana, pase a convertirme en la voz cantante de Bio'n'Roll!

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